UREUS

SER DIFERENTES NOS HACE IGUALES

18 febrero, 2006

RECUERDA QUE ERES MORTAL

Los antiguos romanos, que al menos en los austeros tiempos de la República parecían ser gente bastante seria - hasta que las presuntas glorias del Imperio y una vida supuestamente más muelle acabaron por trastocarles el seso -, experimentaban cierta prudente desconfianza respecto de los militarotes demasiado pagados de su autoridad y su fuerza ( por estos lares, unos dos mil años más tarde, aprender esta misma lección nos costó bastante caro ), razón por la cual habían instrumentado un par de sabias medidas a efectos de prevenir que a los generales que regresaban triunfantes de alguna guerra se les pudiese llenar de pronto la mollera – por no mencionar otra parte de la anatomía humana usualmente menos visible – de papelitos.

Una de esas medidas, hasta que Julio César obsequió a la historia su célebre “alea jacta est”, consistía en que ningún general que regresara a Roma debía pasar más allá del río Rubicón - si es que venía del norte - sin dejar atrás el grueso de las tropas que hasta ese momento había tenido bajo su mando ( por favor no me pregunten cuál era el límite para los que venían del sur, pero si alguno conoce la respuesta apreciaría que me la hiciese saber ).

Otra, a la que refiere el título de este post, era si se quiere aún más interesante, cuando menos desde el punto de vista psicológico. Sucedía que un general victorioso, al momento de retornar a Roma, y siempre que en el transcurso de la campaña que había dirigido hubiese logrado satisfacer determinadas condiciones ( p.e. haber aniquilado en batalla un mínimo de 5000 enemigos, aumentado el territorio de la República, culminado una guerra justamente emprendida y no haber sufrido ninguna derrota ), tenía derecho a solicitar los honores del triunfo, vale decir, el derecho a entrar a la ciudad en gloriosa procesión, exhibiendo sus trofeos, cautivos y botín de guerra en medio de la aclamación popular, y desfilando él mismo, revestido con una suntuosa túnica y luciendo en sus sienes una corona de laurel, en un carro tirado por cuatro caballos blancos. Acompañábanle a pie sus amigos, parientes y demás allegados, seguidos por los senadores y otros altos magistrados, en tanto los soldados marchaban detrás cantando sus alabanzas y proclamando su triunfo. No obstante todo ello, a fin de impedir que el festejado pudiese llegar a olvidar en algún momento cuál era real y efectivamente su lugar en el mundo, estaba dispuesto que debía llevar a sus espaldas un esclavo cuya misión era nada más y nada menos que susurrarle cada tanto al oído la insidiosa frasesita de referencia : recuerda que eres mortal.

Al margen del interés histórico del comentario, me ha parecido oportuno traerlo a cuento porque sinceramente creo que a nosotros, sin importar cuánto o cuán poco tengamos en común con los antiguos romanos, tampoco nos vendría mal que de tanto en tanto alguien - no diré un esclavo, porque afortunadamente ya no se llevan - nos hiciera oir esas mismas palabritas, porque al mirar a mi alrededor me espanta observar cuánta gente vive como si estuviese destinada a no morir nunca, sin acordarse ni por un segundo de que nuestro tiempo en este mundo es limitado, y por tanto de que tal vez deberíamos aprovechar mejor el que nos ha tocado, pensar muy bien en qué vale realmente la pena invertirlo y llegar quizás a la conclusión de que lo único verdaderamente importante son aquellas cosas que de algún modo podrán acompañarnos por lo menos hasta la puerta cuando nos toque salir, es decir, nada de lo que podemos tocar, sino tan sólo lo que podemos sentir, los afectos y el respeto que hayamos sido capaces de merecer, y también la sensación de haber tenido una vida, si no plena, cuando menos honorable e interiormente digna.

Yo sé que en este mundo, en donde todo se mide casi exclusivamente por lo que se ve, resulta bien difícil concentrarnos en lo de adentro, pero creo, con la más absoluta convicción creo, que aceptar la perspectiva de que en cualquier momento todo lo que hoy nos rodea y parece tan importante pasará a ser cosa de nada puede ayudarnos a construir para nosotros mismos, y también para nuestros semejantes, un camino más recto, más llano y transitable hacia lo que sea nos espere al final la jornada.

Un abrazo para todos,

Ureus

P.S. : Recuerda …

1 Comments:

Blogger Edwin said...

El limite sur estaba en etruria segun lei alguna vez, posiblemente en algun arroyito intrascendente que jamas nadie cruzo

10:34 AM  

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